“Vórtice” o el ojo de cualquier tormenta, es la primera obra de una trilogía de espectáculos de danza a partir de la vida y obra del pintor inglés Francis Bacon (Dublín 1909-Madrid 1992).

Su convulsa vida y su obra sin duda una de las más estremecedoras y profundas del siglo XX, son en este espectáculo escénico, el punto de partida y detonante de los cuerpos en movimiento.

El escenario se nos presenta como un gran lienzo en blanco donde se retrata ese universo de tensiones
que él deseaba mostrar en su pintura:
"Me gustaría que mis cuadros se vieran como
si un ser humano hubiera pasado por ellos como un caracol, dejando un rastro de
presencia humana y de la memoria del pasado, igual que el caracol va dejando su baba".


Siempre
fiel a la idea de que el arte nos devuelve esencialmente a la vulnerabilidad de la situación humana, la obra de Bacon es una constante reflexión sobre la fragilidad del ser, intentando impactar
al espectador haciéndole tomar conciencia de
la crueldad y violencia del ser humano
.

 

 

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  DIRECCIÓN Y COREOGRAFÍA
 
              Humberto Canessa

                     INTÈRPRETES
                     Ximena Carnevale
                      Nuria Estébanez
                      Inma Montalvo
                     Vanessa López

                       Pablo Lomba

 
                          MÙSICA
 
         Joselyn Pook, Michael Galasso,
           Aphex Twin, Massive Attack,

        Boleros Tradicional (Julio Jaramillo),
             Amiina, Gutavo Santaolalla,
               Gotan Projet, Pergolessi

       DISEÑO ILUMINACIÓN     
     Patricia Gea
Humberto Canessa

         ESPACIO ESCÉNICO
 Ricardo Aguilar

REALIZACIÓN ESCENOGRAFÍA
     Ricardo Aguilar y Juan Carrión

             VESTUARIO
        Humberto Canessa

           FOTOGRAFÍA
Sylvain Ferey

                VÍDEO
Ricardo Majo

          PRODUCCIÓN
Pablo Lomba

            DURACIÓN
55 min aprox.

 

                            Sobre la espaciosa tierra extendida, nos alineamos en rebaño
                                      salvando las olas y volando sin alas, y acudimos
                               en encarnizada persecución, dejando otras naves a popa
                            Y ahora está aquí , en algún lugar, escondido como un conejo

                         Y el hedor a sangre humana me sonríe alegrando mi corazón

Quienes hablan son las Furias —las divinidades castigadoras de los que cometen crímenes
contra su misma sangre— un verso de Esquilo, de Las Euménides, la tercera parte del tríptico
de La Orestíada.
En “Vórtice” cuatro mujeres como las Furias persiguen la sombra de un hombre
y a través de ellas i
ndagamos el concepto de "lo extraño inquietante" o de "lo siniestro": "lo que
debía de haber quedado oculto, secreto, pero que se manifiesta", así nos referimos a
fenómenos psicológicos que tienen que ver con la angustia, con el fantasma, con lo pavoroso.




Esos fantasmas que
despiertan secuencias de imágenes aparentemente sin relación pero que abren,
“las válvulas de la imaginación”.
Estas sombras que acosaron a Bacon, lo mismo inspiración que tortura, se convirtieron en las
más diversas formas de tensión radical, las que se tienden entre el autocontrol y el desborde,
entre el amor y la aniquilación.
La realidad corporal en su constante inestabilidad y transformación, socavada desde su interior por
la muerte, objeto de deseo y al mismo tiempo de abominación: todos somos cadáveres en potencia.
El cuerpo de estas cuatro mujeres se convierte en el vórtice oscuro que le permite ver y escudriñar
la aparente calma en medio de la tormenta.

                                                                                                                           Humberto Canessa

 

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